Esta ciudad fronteriza, punto neurálgico en
numerosas decisiones políticas y militares, asiento de los tres Poderes
del Estado mexicano durante la época juarista, será de nueva cuenta
sitio estratégico en la definición política del gobierno federal.
La inseguridad pública derivada de la lucha de las fuerzas federales
contra la delincuencia organizada, que dejó más de 5 mil asesinatos en
dos años, llevó a los habitantes juarenses a pedir al gobierno federal
que despachen desde este punto fronterizo del país.
En respuesta, se anunció la instalación permanente, desde esta semana,
de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial del estado de
Chihuahua, con lo que se convertirá en la capital estatal hasta
resolver el problema de la inseguridad.
Ciudad Juárez, localizada a mil 800 kilómetros al noroeste de la ciudad
de México, en la frontera con Estados Unidos, ya fue en dos ocasiones
capital de la República y en una de la entidad.
Alberga a Juárez
En 1865, llamada entonces Villa Paso del Norte, fue capital de la
República al albergar al presidente Benito Juárez en su desplazamiento
por el norte del país durante la intervención francesa.
En 1864, el presidente Benito Juárez y sus ministros Sebastián Lerdo de
Tejada, José María Iglesias y Miguel Negrete arribaron a territorio
chihuahuense e instalaron el gobierno republicano. Sin embargo, en mayo
de 1865, los franceses atacan Chihuahua, al mando del general Agustín
E. Brincourt. La ciudad es bombardeada y finalmente cae en manos de los
europeos por lo que Juárez y su gabinete evacuaron la ciudad a salvo y
se dirigieron a Paso del Norte.
En 1911, durante la Revolución, despachó en el edificio de la Aduana Fronteriza el presidente provisional Francisco I. Madero.
Fue capital del estado de Chihuahua durante varios días en 1930, cuando
un grupo insurrecto pretendió derrocar al gobernador Francisco Almada,
quien ordenó trasladar los poderes a Juárez para evitarlo.
En 1888, esta ciudad fronteriza recibió su actual nombre de Juárez, en honor a Benito Juárez.
En el siglo XVII, Paso del Norte fue refugio del gobierno de Nuevo
México, debido a la rebelión de los indios. También fue un importante
centro religioso, en el que se establecieron diferentes misiones en
Nuevo México, encabezadas por sacerdotes de la orden de los
franciscanos.