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De Orilla a Orilla.
María Pilar Ripa
pilar@diariodelgolfo.com |
Pamplona, España.-.El fin de semana pasado me fui en tren a visitar a una amiga a Madrid. Hacía siete años que no nos veíamos y la verdad es que yo iba un poco nerviosa y muy emocionada por el reencuentro.
Los viajes de visita suponen casi siempre una emoción añadida.
Viajar en tren no es un método de viaje del pasado. Atrás quedaron esos trenes tremendamente incómodos y duros asientos de los trenes de antaño. Hoy en día los trenes son muy cómodos , pero igual de encantadores, para los viajeros.
Este viaje me hizo recordar un cuento que leí hace ya algún tiempo. Decía que nuestra vida es como un viaje en tren, llena de embarques y desembarques, de pequeños accidentes en el camino, de sorpresas agradables, con algunas subidas y bajadas tristes.
Cuando nacemos y subimos al tren, encontramos dos personas queridas que nos intentarán enseñar el funcionamiento del tren y hacernos el camino lo más agradable posible hasta el fin, esos son: nuestros padres. Lamentablemente, ellos en alguna estación se bajaran para no volver a subir más. Quedaremos huérfanos de su cariño, protección y afecto. Pero a pesar de esto, nuestro viaje debe continuar.
Conoceremos otras interesantes personas, durante la larga travesía, subirán nuestros hermanos, amigos y amores. Muchos de ellos solo realizaran un corto paseo, otros estarán siempre a nuestro lado compartiendo alegrías y tristezas.
En el tren también viajaran personas que andarán de vagón en vagón para ayudar a quien lo necesite. Muchos se bajaran y dejaran recuerdos imborrables.
Otros en cambio viajaran ocupando asientos, sin que nadie perciba que están allí sentados. Es curioso ver como algunos pasajeros a los que queremos, prefieren sentarse alejados de nosotros, en otros vagones.
Eso nos obliga a realizar el viaje separados de ellos. Pero eso no nos impedirá, con alguna dificultad, acercarnos a ellos. Lo difícil es aceptar que a pesar de estar cerca.
No podremos sentarnos juntos, pues muchas veces otras son las personas que los acompañan.
El viaje de la vida es así: lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, llegadas y partidas. Grandes subidas y bajadas, paisajes hermosos y túneles oscuros que atravesar. Luces y sombras; momentos felices y otros no tanto.
Sabemos que este tren solo realiza un viaje, el de ida, sin retorno. Tratemos, entonces de viajar lo mejor posible, intentando tener una buena relación con todos los pasajeros, procurando lo mejor de cada uno de ellos, recordando siempre que, en algún momento del viaje alguien puede perder sus fuerzas y deberemos entender eso. A nosotros también nos ocurrirá lo mismo seguramente alguien nos entenderá y ayudará.
El gran misterio de este viaje es que no sabemos en cual estación nos tocará descender. Pienso que cuando vea a alguien bajarse del tren sentiré añoranzas. Viajar sola, sin mis seres queridos, será muy triste. Separarme de los amores de mi vida será doloroso. Pero tengo la esperanza de que en algún momento nos volveremos a encontrar en la estación principal y tendré la emoción de verlos llegar con muchas más experiencias de la que tenían al iniciar el viaje. Seré feliz al pensar que en algo pude colaborar para que ellos hayan crecido como buenas personas.
Ahora, en este momento, el tren disminuye la velocidad para que suban y bajen personas. Mi emoción aumenta a medida que el tren va parando. ¿Quién subirá?, ¿Quién será?.
Me gustaría que usted pensase que, desembarcar del tren, no es solo una representación de la muerte o el termino de una historia que dos personas construyeron y que por motivos íntimos dejaron desmoronar. Estoy feliz de ver como ciertas personas, como nosotros, tienen la capacidad de reconstruir para volver a empezar. Eso es señal de lucha y garra y saber vivir es poder obtener lo mejor de todos los pasajeros.
Agradezco a Dios porque estemos realizando juntos este viaje y, a pesar de que nuestros asientos no estén juntos, con seguridad el vagón es el mismo.
Mi viaje a Madrid ya llegó a su fin, pero este era un viaje de ida y vuelta que pienso seguir repitiendo por muchos años. El otro, el de la vida continúa y es importante no perder ninguna estación.