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De Orilla a Orilla.
María Pilar Ripa
pilar@diariodelgolfo.com |
Pamplona, España.-El domingo salió un día magnífico y decidimos subir al monte un grupo de amigos. El monte es un lugar maravilloso para relajarse, respirar aire puro y desconectar del ajetreo de la semana y el ruido de la ciudad.
Al monte hay que ir temprano y comenzar a subir antes de que apriete el calor, para que cuando el sol esté más fuerte hayas recorrido ya más de la mitad del trayecto.
Pero este domingo, después de las vacaciones de muchos, para la mayoría las ganas de madrugar no eran muchas, así que quedamos a las 8 de la mañana, para llegar al lugar en donde íbamos a comenzar a subir a las 10.
Aquí no es como en México que amanece a las seis, sino que el sol hace no hace su aparición hasta las ocho y por esta época el astro rey brilla pero no calienta en exceso.
La montaña o el monte, como solemos llamarlo en Navarra, es un lugar mágico. Subir al monte es un poco como disfrutar del paraíso por un rato. Arriba uno se encuentra más cerca del cielo, con en mundo a sus pies y respirando libertad.
Heidi hizo populares a los Alpes, pero los Pirineos no tienen nada que envidiarles, si acaso que son un poco más bajos, más asequibles para los que no tenemos mucha costumbre en el arte de escalar.
Lo mejor de la montaña, además de la inmensidad que la vista no consigue abarcar del todo, es el paisaje. Esas cumbres rocosas, los verdes prados cuajados de ovejitas, vacas o caballos salvajes; los pinos negros, los castaños o las hayas, que cubren gran parte de la superficie forestal de los bosques navarros. Y ese cielo azul recubriéndolo todo como si de una bolita de cristal se tratara, en la que nosotros formáramos parte de la diversión.
Son bonitos los cuadros y las fotografías de las montañas, pero no hay nada como la contemplación directa de esas maravillas de la naturaleza, que ningún hombre ha sido nunca capaz de imaginar y mucho menos de crear.
Es esta época del año en la que todavía es posible subir al monte, porque la nieve no ha hecho su aparición, aunque ya no tardará mucho en hacerlo, y el sol ya no quema las piernas de los excursionistas, cuando la montaña se convierte en un lugar mágico para pasar los domingos. Mágico porque te invita a soñar con un mundo idílico.
Una entiende, en momentos como estos, que Heidi enfermara cada vez que se alejaba de los Alpes. Porque la paz que uno experimenta cuando sube a una montaña no la experimenta cualquier otro lugar del mundo. No sé como será subir a la luna, pero no creo que sea mejor que subir al monte. Ver el mundo desde el espacio tiene que ser inquietante.
En las montañas no hay guerras, aunque algunos se escondan en ellas, ¿verdad? En las montañas hay armonía y tranquilidad, se respira paz. Por eso hemos de hacer todo lo que esté en nuestras manos para no perder los bosques, procurando así que las pocas reservas de oxígeno que quedan en nuestro planeta, no se conviertan en cosa del pasado y todos podamos disfrutar de la naturaleza.