Columnistas  |     
Xalapa, jueves 20 de noviembre de 2008 09:16 La Secretaría de Protección Civil informó que se mantienen los operativos de entrega de apoyos a la poblaci&oacu ...
Xalapa, jueves 20 de noviembre de 2008.-Más de ocho mil apoyos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden) que debían haber sido destinados para damnificados ...
Jueves 20 de noviembre 08.-Un hombre camina por el malecón Costero ejercitandose. La obesidad es uno delos graves problemas de los porteños. ...
Jueves 20 de noviembre 08.-Estudiantes platican en una esquina después de salir de clases. ...
Jared JG/ jueves 20 de noviembre 08.-Petróleos Mexicanos confirmó a diariodelgolfo.com la muerte de un trabajador petrolero, y cuatro heridos en el interior del compl ...
Pedro CAYETANO/ jueves 20 de noviembre de 2008.-Un robo, frustró el viaje de la doctora Nereida Santos Hernández a los Estados Unidos. En la Terminal aérea ...
La voz del Sur/diariodelgolfo.com/Las Choapas, jueves 20 de noviembre 08.- Empleados de Protección Civil piden cooperación a trabajadores del ayuntamiento para ay ...
Estos petroglifos de jirafas fueron trazados por artistas prehistóricos. Son un registro de la vida floreciente en el Sahara de esa época. ...


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


De Orilla a Orilla.

María Pilar Ripa
pilar@diariodelgolfo.com



La enfermedad del olvido..



Pamplona, España.-Alzheimer es una palabra que da miedo, una de las enfermedades malditas del siglo XXI, que se caracteriza por la pérdida progresiva de la memoria. Algunos la han bautizado como la enfermedad del olvido.

Lo malo de esta enfermedad, como dice mi tía Carmen, no es que pierdas las llaves de casa y no sepas en donde las has puesto, sino que te olvidas para que sirven. Los enfermos de alzheimer comienzan así, olvidando para que sirven las cosas y poco a poco van perdiendo facultades más importantes: olvidan los nombres y las caras de sus seres queridos, van perdiendo la capacidad de caminar e incluso de comer.

Una hermana de mi padre murió de alzheimer y otra va por el mismo camino. Cuando la hermana mayor de mi padre murió había perdido ya todas las facultades que nos hacen ser plenamente humanos. Primero se olvido de quien era y, por supuesto, quienes eran las personas que estaban a su alrededor: su marido, sus hijos, sus hermanos; al menos ya no identificaba los nombres con las caras; luego dejó de caminar y tuvo que pasar a una silla de ruedas. Más tarde ya no sabía comer, había que alimentarla con sonda, porque si le dabas comida que tenía que masticar no lo hacía. Podía permanecer horas la comida en su boca y salir como había entrado, intacta.

Sin embargo, hay una cosa que dicen algunos, de que en determinado momento estas personas ya no se enteran de nada, ni siquiera sienten, con la que no estoy nada de acuerdo. Sólo sé que cuando mi padre, el pequeño de la familia y único hermano varón, iba a visitar a mi tía, a están le brillaban los ojos y se le ponían acuosos.

En cualquier caso, que tú olvides quien eres, no es tan triste como el que los demás se olviden de ti.

En las sociedades “avanzadas” somos muy dados a relegar a las personas con capacidades diferentes, mayores, impedidos, etc., a sus propios espacios. Lugares especialmente habilitados para tratar a estas personas. Con la excusa de que son sitios apropiados para ellos y que allí estarán mejor cuidados los arrinconamos allí y vivimos como si el problema no fuera con nosotros.

Ojos que no ven, corazón que no siente; que dirían los refraneros.

Como en todos los casos tendemos a pensar que es más fácil deshacernos de los problemas que intentar resolverlos. Es lo que la sociedad en la que vivimos nos ha ido transmitiendo de generación en generación. Tal vez sea más cómodo, pero desde luego no más gratificante.

El alzheimer es una enfermedad muy dura también para las personas con la que convive el enfermo, sobre todo para el cónyuge. El que la persona con la que has compartido toda una vida, toda una serie de acontecimiento felices y días amargos no sepa quién eres, debe causar un dolor de los que no se pueden explicar. Perder los recuerdos es otra manera de perder la vida, al menos la vivida hasta ese momento.

Lo bueno es que los demás no se olviden de quienes somos. Cuenta una historia que un señor mayor acudió a una clínica a curarse una herida en la mano. El señor estaba nervioso y constantemente se miraba al reloj, así que la enfermera le preguntó: “¿Qué le pasa tiene usted prisa?”. “Es que tengo que ir a desayunar con mi esposa que está en una residencia”, le respondió el anciano. La enfermera le volvió a preguntar: “¿Su esposa se impacientará si llega usted tarde?”. “¡Noooo! – repuso el anciano -, mi esposa está con alzheimer, ya no sabe quién soy”. Entonces, la enfermera, cada vez más intrigada, preguntó por última vez: “Entonces, ¿si su esposa ni siquiera lo reconoce, por qué tiene tanta prisa?”. “¡Aaaay!, -suspiró el anciano con cara de condescendencia –. Ella ya no sabe quién soy yo, pero yo sé muy bien quién es ella”. Y se marchó dejando a la enfermara pensando en la gran lección de humanidad y amor que ese anciano le acababa de dar.

Ojalá todos aprendiéramos a amar a los demás sin esperar nada a cambio. Y tú, ¿sabes quien es ella / él?