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De Orilla a Orilla.

María Pilar Ripa
pilar@diariodelgolfo.com



En misa y repicando..


Pamplona, España (especial para diariodelgolfo.com).-No soy ninguna experta, pero dicen los entendidos en la materia que estamos ante una de las mayores crisis de la historia. Lo que comenzó en USA, siguió en Europa y poco a poco se va extendiendo, como una mancha de aceite, por todo el mundo.

Todo comenzó con las hipotecas basura en los Estados Unidos, que hicieron quebrar a varios bancos en este país. La gran burbuja inmobiliaria, que también se había creado en otras economías, entre ellas la española, hizo que muchas empresas se vieran abocadas al fango, arrastradas por los malos resultados de Wall Street.

Parece ser que la culpa de todo fue de los bancos, que dieron mucho dinero, a un interés muy bajo, a personas que sabían que no lo iban a poder devolver, pensando en que, como la economía iba muy bien, podrían compensar esa morosidad con las de los que si respondían.

Mientras tanto, los bancos invertían el dinero de todos sus clientes y sacaban un beneficio bárbaro en estas operaciones.

Durante mucho tiempo las entidades financieras han estado ganando mucho y, por supuesto, nunca se les ocurrió compartirlo con sus clientes, si acaso con sus accionistas, y llenándose los banqueros los bolsillos con las ganancias de todos. Han ganado dinero a espuertas, y se han beneficiado de todas las ventajas del estado del bienestar. Pero cuando se les han comenzado a acumular las deudas, porque el monto de acreedores era infinitamente mayor de lo que habían previsto, piden ayuda a “Papá Estado” y éste, ni corto ni perezoso, se apresura a salir en su defensa., para evitar que el sistema capitalista entre en números rojos (algo que no han conseguido).

Es verdad, que tras los bancos el resto de las empresas han ido cayendo en picado como piezas de ajedrez: la construcción, la industria del automóvil y todas las empresas que viven a su costa, muchas fábricas han reducido plantilla, dejando a miles de trabajadores en la calle. Y parece que esto sólo acaba de comenzar.

Una enorme cantidad de personas han acabado ingresando en la cola del paro, en la cola de la inmigración, en la de los comedores sociales… Muchas de ellas, personas que no supieron ahorrar cuando tenían ocasión de hacerlo. Pero otros muchos que nunca tuvieron posibilidad de ahorro.

Nos vendieron la idea de que podíamos consumir sin tino, que el bienestar no se acabaría nunca, y algunos ilusos se lo creyeron. Se compraron casa, coche, redecoraron la casa, pidieron prestado para irse de vacaciones… Nadie nos advirtió de que todos estos gastos eran imposibles con el trabajo de unas manos. Nadie nos dijo que para que unos tengan mucho y en abundancia otros deben pasar hambre, porque sólo hay un mundo que repartir entre todos, y los recursos son limitados. Nadie nos avisó de que si una parte del mundo vive muy bien es porque otra las pasa canutas. Pero… ¿es que realmente necesitábamos que alguien nos lo contara? ¿O es qué no queríamos ver más allá de nuestras narices?

Tal vez deberíamos cambiar el chip, empezar a ver y hacer las cosas de otra manera. Quizá producir menos y consumir menos redunde en un mundo más justo, equitativo y solidario.

Sería mejor para nuestras economías y para el medio ambiente. Tal vez tengamos que prescindir de lo prescindible para que no nos falte un día lo imprescindible. Es muy fácil, consumamos menos para no tener que producir tanto. Pero, ¿no es esa otra de las causas que nos han llevado a la crisis, que la gente consume menos porque no tiene liquidez? Si la personas no consumen, las empresas no venden y si no venden no producen, con lo cual necesitan menos trabajadores y… volvamos a empezar.

Aún así, creo que el problema no es que las empresas pierdan dinero, sino que no ganan tanto como les gustaría. Se han acostumbrado a crecer cada año más y más y para ellos eso es retroceder. No pueden evitar una pataleta si este año en lugar de de angulas y caviar para Navidad tienen que elegir entre uno lo uno o lo otro.

Lo que es seguro es que algunas personas viven en una crisis permanente, endémica. Son las peor lo pasan y las que menos se quejan y otras no tienen nunca crisis, como los que se dedican a la industria del cine en Hollywood.

Mientras más de medio mundo no tiene un pan que llevarse a la boca, los grandes privilegiados del planeta hacen una fiesta de inauguración, en Dubai, y en un alarde de poder y riqueza invitan a las grandes estrellas del celuloide. Esas mismas, que luego son nombradas embajadoras de buena voluntad de la ONU, o que llevan a cabo conciertos benéficos o participan en galas solidarias.

Para que luego digan que no se puede estar en misa y repicando.