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De Orilla a Orilla.
María Pilar Ripa
pilar@diariodelgolfo.com |
Pamplona, España.-
“Reciclar es dar vida”, con este lema comenzaron hace ahora algo más de diez años la recogida selectiva de basura en mi ciudad. Con él se pretendía concienciar a la ciudadanía de la necesidad de separar todo aquello que tiramos a la basura para que pueda volver a ser reutilizado y ayudar en lo posible a mejorar el medioambiente.
Al principio, supongo que fuimos pocos los que aceptamos de buena gana la iniciativa del Ayuntamiento y comenzamos a separar nuestros desperdicios. Hoy Navarra es una de las comunidades punteras en España en la recogida selectiva de basura.
Reciclar supone, además de una concienciación, un esfuerzo extra.
Es necesario disponer de varios cubos de basura y un poco de cuidado a la hora de depositarla en los contenedores. Debajo de mi casa disponemos de cuatro tipos diferentes de contenedores: uno para materia orgánica, otro para papel y cartón, otro para plásticos y embases, y un último para vidrio, con un pequeño orificio en donde deben depositarse las pilas.
Todos los contenedores son verdes, pero cada uno tiene sus propias peculiaridades, para que no nos equivoquemos al dejar nuestras basuras. El de la materia orgánica es el más funcional de todos. Tiene una palanca que se acciona con el pié, y al accionarlo se abre. De este modo uno puede ir con varias bolsas y no tener que dejar una en el suelo para abrir el contenedor.
El de papel y cartón tiene una amplia hendidura, a modo de alcancía, por al que se introduce el papel. Es el más incómodo de todos los contenedores, porque al menos, con el cartón hay que hacer el esfuerzo de estrujarlo o romperlo para acomodarlo a la medida del hueco. El de plásticos y embases posee cuatro hendiduras circulares, en las que se introducen las bolsas. Y el de vidrios, en forma de campana, también tiene unos agujeros en los que meter las botellas o botes de conserva.
Todos estos contenedores son vaciados todos los días por los servicios de limpieza del ayuntamiento y llevados a los centros de reciclaje.
También reciclamos el aceite usado para cocinar. Una vez al mes viene un camión y se lleva las botellas llenas de aceite sucio, que será purificado y reconvertido en combustible ecológico.
Ropa, zapatos, juguetes y cualquier otro utensilio que ya no se usa, puede ser entregado a los Traperos de Emaús, que pasan por las casas también una vez al mes y recogen todo aquello de lo que la gente desea deshacerse. Posteriormente arreglan lo que esté mal y lo venden, a un precio mucho más rebajado de lo que costaría en el mercado, a todas aquellas personas que se pasen por su almacén de segunda mano.
Con el dinero que sacan mantienen a las personas que trabajan en la recogida y a las personas que venden en el almacén, todas ellas por lo general son personas con dificultades para encontrar empleo y que gracias a este trabajo pueden tener una vida digna.
Como ven, Pamplona es una fábrica de reciclaje. En mi casa, por ejemplo, tenemos dos cubos de basura: uno para recoger la materia orgánica y otro para embases y plásticos. En una bolsa metemos el papel que vamos acumulando y en una botella de plástico el aceite frío usado. También guardamos las botellas y pilas para dejarlas en el contenedor correspondiente.
No sé lo que este reciclaje supondrá en el cómputo general y universal de reciclaje en el mundo, pero me gusta pensar, que hay una zona de la selva amazónica que tardaremos algo más en deforestar, mientras haya personas que sigan o sigamos haciendo el esfuerzo de separar nuestras basuras. No cuesta tanto y al menos contribuimos en algo a retrasar el calentamiento global del planeta y la desaparición de especies, como consecuencia de la tala de árboles y la basura quemada o acumulada en los mares y océanos de nuestro planeta.
Dicen que el cien por cien del vidrio se puede reciclar, gran parte del papel también es reutilizable y mucha de la basura que con la que llenamos los contenedores de materia orgánica es utilizada luego como abonos naturales. También dicen que el futuro de la gasolina es el combustible ecológico o biocombustible proveniente de aceites usados, etanol y algunos cereales como el trigo o la cebada.
¡Ojalá que entre todos consigamos frenar el cambio climático que se nos avecina! Mientras tanto a seguir reciclando y dando vida en la medida de nuestras posibilidades.