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Referencia.
Pedro Cayetano
pedro@diariodelgolfo.com |
En México, la educación es un gran negocio.
Y conste que hablo solamente de la educación que ofrece el Estado Mexicano y que profesores han hecho, su negocio particular.
Hoy escuché a una señora quejarse amargamente que en la escuela pública donde estudia su hijo, una preparatoria, el director y sus allegados se gastaron el dinero recaudado por inscripciones, que en comprar café, pintar la escuela, arreglar computadoras.
La junta informativa, donde ese día asistió la afligida señora, fue un escenario para validar los supuestos gastos, del dinero de las cuotas de los padres, y donde nunca se hizo de forma oficial (no se presentaron documentos de gastos).
El único documento que se llevó fue una lista con nombres de todos los padres para que firmaran de aceptar este singular corte de caja.
Pero, creo usted, amable lector que es un caso aislado, desafortunadamente, situaciones así se suscitan con bastante regularidad en todos los planteles escolares públicos, desde jardines, pasando por primaria, secundaria y bachiller cientos de miles de pesos, con las cooperaciones “voluntarias” que cada padre está obligado hacer al inscribir a su hijo.
Es dinero que va a parar a sus bolsillos sin ningún recato, por ser de la comunidad de padres.
Operan, controlando a la sociedad de padres de familia, donde siempre imponen a un incondicional, que sirve por completo a los intereses particulares del director, no de la escuela, mucho menos de los padres.
Inventan trabajos ficticios para desaparecer el dinero, en casos reales, los montos los alteran.
Asignan trabajos de reparación, limpieza u cualquier otra índole a sus cuates, muchas veces, “los profesores se vuelven contratistas”.
Imagine usted, un padre que trabaja de dependiente en un comercio, y gana apenas 50 pesos al día (si bien le va), cuando matrícula a su hijo tiene que desembolsar hasta 500 pesos, dinero que reúne con sacrificios, para que en un abrir y cerrar de ojos, sirva para comprar la camioneta del año del director de la escuela.
Resulta indignante e insultante ¿no?
Así ocurren las cosas en nuestro amado México, como dice el refrán: “como él no hay dos”.
Hasta la próxima Referencia.