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Referencia.
Pedro Cayetano
pedro@diariodelgolfo.com |
Don Pablo Amezcua siempre ha vivido para su deporte favorito: la caza.
Se emociona cuando revive sus hazañas, allá en medio de la selva de Campeche.
Vienen a su mente nombres de aficionados a esta actividad, Pedro Pintos, Teodoro Ruiz Marín, Juan Hillman Jiménez, Antonio Vicenté, Pedro Tiburcio y muchos más.
Su mayor alegría era internarse en lo más profundo de la selva, con su escopeta al hombro y su resortera en la cintura, ambas servían para lo mismo.
Se regocija al imitar los sonidos del jabalí, una de sus presas de caza favoritas.
Dice que pocos de sus compañeros le creían, incluso un día, uno de estos lo imitó, según él para comprobar que sus afirmaciones eran falsas.
Asegura que grande fue su sorpresa, cuando un cerdo salvaje se le apostó enfrente, con la mirada agresiva.
Ello bastó para hacerlo huir despavorido, de regreso al campamento, en busca de ayuda.
Fueron muchas y muy variadas anécdotas las que me contó Don Pablo, por ejemplo, recordó su niñez en un pueblo de Guanajuato.
Cuando fue registrado por su abuelo. Los errores de ortografía que hubo, cuando el escribiente del registro civil apuntó su segundo apellido Bribiesca con “V”, y lo hace diferente, al resto de sus hermanos y familiares.
Poseé diferentes actas de nacimiento con errores en el apellido, fecha de nacimiento, cuenuta con una que es correcta en el nombre y apellidos, pero que fue expedida en esta ciudad.
Y ello no es todo, aunque nunca logró tener una cartilla del servicio militar, en el cuartel del pueblo donde nació existen decenas de precartillas, que nunca recogió.
Afirma que nunca las necesitó, ¿y para qué?, si siempre anduvo entre espesa vegetación y animales salvajes en el sureste mexicano.
Hasta la próxima Referencia.