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Perdidos en el Despacio.
Pepe López
pepelopez@hotmail.com |
Cuando me preparaba para escribir un kilométrico articulo sobre el día de las madres, felicidades a todas ellas, llega a mi cacahuate la señal, que estaba haciendo exactamente hace 27 años, llegando a Coatzacoalcos, después de abandonar la carrera de arquitectura, que ya había abandonado por estar 3 semestres de oyente, esperando la oportunidad de cambiarme a ciencias políticas, pero, Coatzacoalcos estaba en su punto máximo, el boom, crecían árboles que en lugar de hojas, daban billetes de a 10 mil, si uno era lo bastante listo y ambicioso, podía subirse a los árboles a cortar, todos los billetes que pudieras, sino, solo había que esperar a que cayeran, desafortunadamente talamos los árboles, en fin en esas épocas y deslumbrado por el oro negro, precisamente en mayo de 1980, pero antes de tomar esa loca decisión, me corrí una de esas aventuras, que son dignas de platicarse.
Juan Ávila tenia que presentar un examen y necesitaba estudiar, su hermano Luis enrique también estudiaba por esas épocas en México, y marcos castellanos y yo no pensábamos venir a Coatzacoalcos, con el gigantesco puente del 1 al 5 de mayo, decidimos incorporarnos al viaje que Wencho, primo de Juan planeaba hacer con su abuelita, como cariñosamente llamábamos a una alemana, que le llevaba como 20 años a wencho, pero que andaba todo el tiempo feliz, ella guera y el moreno, con tal de que no lo molestáramos, Juan nos presto su carro y emprendimos la aventura, Luis enrique al volante, su humilde servidor y narrador de copiloto y marcos, wencho y su abuelita, después de dejarlos en el lago de patzcuaro hacia donde se dirigían a acampar, nos dirigimos hacia manzanillo, después de atravesar bosques y lagos y llegar al océano pacifico, nos dedicamos a conocer manzanillo, para ubicarnos, cuando de repente de la nada sale un carro viejo, yo iba en la parte posterior, al grito de ¡cuidado, acelera¡, el carro viejo, se impacta contra nosotros, el se frena y por la inercia seguimos hacia delante, destrozándose todo el frente y cayendo destrozadas parrilla, defensa, faros, salpicaduras, mientras lo veo escapar haciendo una vuelta de patrullero, recuperados del susto y cuando el polvo se disipo, ante un Luis enrique y nosotros también “nos va a matar Juan”, procedimos a hacer una revisión de los daños, y por mas que le buscamos, un rasponcito, lo cual transformo en alegría, la original bienvenida y en aquellos ayeres llegar a “las hadas” costaba un buen billete, nos costo una sola noche, lo mismo que nos costo todo el viaje, pero esa noche dormimos en la playa, mosquitos, perros y marinos hicieron la serenata toda la noche y a las 11 en punto de la mañana, estábamos registrados en “las hadas”, después de riguroso regaderazo, instalados en una de las suites para la perrada, a un lado, muy bonita vista, eso si, procedimos a prepararnos para mostrar nuestras miserias, de lujo, mis queridos 2 lectores, sombrillas, camastros, regaderas, meseros atendiendo a la selecta concurrencia, paracaídas, kayaks, igualito que aquí, sobre todo por lo limpio y no me refiero a contaminantes, pero ni teníamos sed, ni hambre, ni dinero para gastar, pero estábamos en “las hadas”, nos decidimos a meternos a la playa, en el océano pacifico, tienen menos plataforma continental, por lo que ponen, flotadores anclados, a cierta distancia, para que los huéspedes naden hasta ahí y regresen, marcos y Luis enrique eran excelentes nadadores, y yo era un papayon, cuando yo llegue a la plataforma, muriéndome, aquellos se tiraban sendos clavados, pero de repente le pregunto a marcos, “y tus lentes”, “en el centro de la plataforma”, “ahí no hay nada”, en mi vida había visto a nadie buscar algo en el fondo del océano, después de chorrocientos intentos abandonamos la búsqueda ante el desconsuelo de marcos, después de ir a comprar algo de comer y cocinar sándwiches, en la cocineta, convencimos a marcos de que se quedara, yo tenia una botella de chivas regal, que fue degustado con tan opípara cena, para proceder, ya medio flameados, a la disco, donde se encontraba pletórico de chavas, bailoteamos, hasta que se pudo, porque cerraron, y nos preparamos para ir sobre las chavas de la noche anterior, desafortunadamente, el sueño se acababa a las 11, por lo que emprendimos el camino hacia puerto Vallarta, no muy lejos de ahí, la clásica carretera del pacifico, playa rectas, montaña curvas, paisajes de películas, hoteles de muchas estrellas, perdidos en la inmensidad de nuestro país, llegamos a puerto Vallarta, buscando una gasolinera, el carro tenia rato, marcando el nivel del aceite en todas y cada una de las curvas, entre el trafico y la desesperación y una combi, que nos pitaba insistentemente, sin hacerles caso, llegamos a la gasolinera, y sorpresa, una prima de Fernando Martínez y Juan Luis, un amigo de Luis enrique del tec de monterrey, ¿que paso, como nos reconocieron?, por la calcomanía de coatzimoto, con la cual todos los de Coatzacoalcos nos identificábamos, en que hotel están, acabamos de llegar, sígannos, y llegamos a un econotel x, muy bien, eran como 6 chavas y 3 chavos, perfecto, porque no se quedan con nosotros esta noche y mañana se registran, con el poco dinero que nos quedaba fuimos esa noche a la disco y nos la pasamos en la cachucha, y pues había que bailar con las chavas, cada vez que alguna chava lo sacaba a bailar marcos preguntaba ¿y como es? Pues tenia días en la penumbra, al otro día, la lunada y la cantadera, y al acabarse el sueño del econohotel, nos preparamos a partir hacia el DF, agarramos la carretera hacia Tepic y de ahí bajamos hacia Guadalajara, cosa curiosa, traíamos placas de Veracruz y todo mundo tuvo que ver con nosotros, nos daban el paso, nos saludaban, en fin, en la tarde y en lugar de llegar a casa de los Vergara, decidimos seguir adelante, camino a Querétaro, en un puente interminable, Luis enrique de pronto se paro, un gigantesco trailer se aproximaba hacia nosotros a toda velocidad, como pudo se hizo chiquito y solo vimos pasar la brisa, marcos que se encontraba en la parte de atrás, solo alcanzo a murmurar, eso paso muy cerca, cansados y quien sabe donde decidimos quedarnos en un motel, un cuarto de 2 camas, una sencilla, donde durmió Luis enrique que era el piloto y una matrimonial donde dormimos marcos y yo, infames,las cuales estaban llenas de bolas, en cuanto salio el sol me pare al baño y para mi sorpresa la puerta que abrí era la de otra recamara que tenia 2 camas matrimoniales, nuevecitas a las cuales nos pasamos inmediatamente después de haber pasado horas de tortura en aquellos adefesios.
Sin mas novedad llegamos al DF, a platicarle y a hacerle entrega de su carro a Juan, nada como viajar con amigos y por carretera, el ultimo viaje de estudiante.