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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
¿A qué país del mundo podrá llegar el presidente de la nación más poderosa en el que no sea encarado por sus pueblos?. Repudiado violentamente como está sucediendo ahora que visita varios países latinoamericanos.
Tampoco en Europa es bien visto, ni en Asia y menos, en Oriente Medio, es decir en casi todo el planeta.
Pero este rechazo no ha sido siempre. A partir de que fué haciéndose fuerte y extendió su poder la nación vecina, después de la primera y segunda guerra mundial, cuando pretendió su ambicioso presidente James K. Polk adjudicarse todo el territorio continental de América, es decir, de océano a océano poniendo en práctica su doctrina del “Destino Manifiesto”, las ambiciones se hicieron patentes. Posteriormente se continuo con estas políticas injerencistas amparados en la Doctrina Monroe: “América para los americanos”, eufemismos de tiempos pasados.
En el siglo XVIII y XIX los nuevos habitantes llegados de Europa, trajeron conocimientos y esperanzas de libertad, dejaron de ser súbditos y lucharon por una patria libre de monarquías y persecución religiosa. Aportaron leyes y los hombres con capacidad para aplicarlas. Códigos avanzados que sirvieron a las jóvenes sociedades americanas para desarrollarse, ideales y proyectos que le dieron progresos a los nuevos pueblos de América, intenciones emancipadoras..
Posteriormente, Estados Unidos surge como el país con mayor poder económico y militar después de la Segunda Guerra Mundial haciendo a un lado a la misma Europa que impuso mucho tiempo su supremacía, al grado que las naciones que formaron el bloque triunfador, los llamados”aliados” decidieron por consenso y voluntariamente, que la moneda fuerte para controlar la economía después de la segunda guerra, sería el dólar, abandonando el patrón oro impuesto durante siglos por la banca europea, amén de que en Nueva York se instalara la sede de las Naciones Unidas que sin lugar a dudas, dejaba claro la nueva e indiscutible jerarquía estadounidense.
El desarrollo acelerado y descomunal de su economía, sin competencia importante en esos años, convierte a la nación del norte en hiperpotencia que como tal, necesita expandirse para crece y sobrevivir. Hegemónica porque además, representaba sin la menor duda al capitalismo a ultranza. En la geografía mundial se convertía en un verdadero imperio, con el beneplácito y aprobación, sin discusión, de todas las naciones ricas con economías neoliberales que se cobijaron bajo el manto protector de ese país.
Esta extensión territorial no es otra cosa que la aplicación del pensamiento político y geopolítico norteamericano, la práctica fundamental de esa nación.
El poder indiscutible lo detenta hoy su presidente idóneo, como representante de las fuerzas económicas de su país, que no es el mejor ni mucho menos: arrogante y presuntuoso, mal político, desconocedor de las necesidades de estos pueblos pobres que visita. Sin nada que ofrecer para paliar sus flagelos. Visitante fugaz que se rodea de un blindaje y lo hace aún más lejano a los ciudadanos de Latinoamérica. Sin las cualidades de otros gobernantes, sin la popularidad elemental en su propia tierra: denostado y señalado por su belicismo apoyado en la trayectoria política del resto de la familia Bush enriquecida al máximo con el negocio nada transparente del petróleo que los ha llevado sin rubor, a asociarse con sátrapas y toda laya de gente sin escrúpulos.
Invadieron Irak, un país pobre, para apropiarse de su riqueza petrolera con el pretexto de la existencia de armas de destrucción masiva, que fue solo eso, una burda patraña que han condenado los propios ciudadanos norteamericanos y la mayoría de los países del mundo.
Un presidente así, no concita afectos ni reconocimientos, menos en los países pobres que han sufrido el despojo de los poderosos: casi todos los pueblos de América Latina y de Oriente Medio, es la razón por la que se llevan a cabo manifestaciones tumultuosas y violentas, el rechazo no es gratuito.
Pero la geopolítica que ejercen los norteamericanos justifica apropiación geográfica, influencia en el medio ambiente, fuerzas sociales, culturales y sobre todo, recursos naturales, en otros términos, se trata del expansionismo llamado por ellos eufemísticamente geopolítica.
Cesar Augusto Sandino, Simón Bolívar, Jacobo Arbenz, Ernesto Ché Guevara, Dn. Benito Juárez y todos los luchadores latinoamericanos, dan prueba indiscutible de su batallar heroico por la emancipación de sus pueblos, para liberarse de la sujeción norteamericana.
No ha sido nada fácil contener estas expresiones de repudio, a veces grotescas y rudimentarias como las del Presidente Chávez, que nos recuerdan que el camino será muy largo y difícil. No sabemos si finalmente romperemos con la sujeción imperial, empeñada en levantar muros de ignominia, porque no tenemos otra opción, al menos por ahora.