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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
Las administraciones públicas no pueden ser completas si no atienden aspectos necesarios que generalmente forman parte de la infraestructura de las ciudades, reclamos que generalmente se convierten en promesas incumplidas.
Así, las obras que no impactan, no se atienden. Obra que no sirve para mejorar la imagen de una ciudad, para promocionar a su presidente municipal, es obra que se deja para que los futuros gobiernos se hagan cargo de terminarlas.
Es el caso muy concreto de las calles de Coatzacoalcos convertidas en verdaderas ruinas porque administraciones vienen y se van sin que nadie atienda el arreglo de ellas. Si no proyecta la imagen del gobernante, no se atiende, no es rentable políticamente.
Desde hace ya varias administraciones, todos los diferentes partidos que han ejercido el poder, han dejado que nuestras calles se hayan convertido en trincheras, en peligrosas zangas, promontorios amenazantes, con profundas fracturas, en surcos, hoyancos, y todo tipo de trampas que han provocado daños enormes en el parque vehicular y en los que se ven en la necesidad de caminar por ellas, es decir en el patrimonio de un sector importante de los habitantes de este puerto permanentemente olvidado.
Pero el daño no ha sido solo material, la ciudadanía ha tenido que pagar un alto costo en vidas por la falta de programas para proteger al peatón, para controlar el tráfico con señalamientos que le den seguridad a la vida de los paseantes y público en general. Todo ha sido anarquía: semáforos que no funcionan, apagados o sin la sincronización elemental de miles de autos que saturan nuestras antiguas avenidas convertidas hoy en callejones porque el estacionamiento se ha vuelto discrecional, sin una reglamentación elemental que se respete porque no hay agentes que hagan su trabajo.
Topes tercermundistas excesivos, costosos pasos a desnivel para llevar de la mano a una ciudadanía que jamás ha sido atendida para formarle una disciplina elemental de cómo conducirse en ciudades en donde el automóvil tiene más valor que el transeúnte , en donde todo tiende a hacerlo más importante. El crecimiento sin control del parque vehicular, ha llevado luto a muchos hogares de escasos recursos porque son los obreros y ancianos, los niños y los menesterosos las víctimas más comunes dado que ninguna autoridad ni organismo civil y menos oficial, se ha hecho cargo de cuidar de su seguridad.
¿Qué hacer ante este desorden vial en aumento?, : aplicar la ley. Hacerla respetar con una vigilancia eficiente y permanente, con la participación decidida de los agentes que no deben brillan por su ausencia y que negocian y tuercen las leyes en lugar de hacerla cumplir.
El Gobernador Fidel Herrera B., realiza viajes frecuentes a la región y nunca hace mención a la deficiencia notable, de la inutilidad de las autoridades de Tránsito y su falta de infraestructura que está a la vista, ¿por qué su desinterés en este problema que afecta a todo el Estado desde hace ya muchos años?. Ni siquiera en la capital se atiende este problema endémico, el descuido de las ciudades veracruzanas, se repite en la misma ciudad de Jalapa, que no hace mucho tiempo solo contaba con una patrulla ...en reparación permanente,
Hay quienes opinan que se trata de un valor entendido porque las Delegaciones hacen las veces de Caja Chica, en manos de incondicionales del mandatario en turno, sin control de los recursos que ahí llegan para poder disponer del dinero en tiempos de campaña y otros gastos que no son contabilizados. Ya comenzamos a creer en este rumor que se hace cada día más creíble.
Es inaceptable ver como nuestras ciudades crecen y algunas se modernizan sin contar siquiera con la planificación elemental de su tránsito, de sus calles para poder atender el paso permanente y creciente de los vehículos que llenan las calles y las están convirtiendo en junglas en completo desorden, en motivo de nota roja todos los días por la enorme incidencia de perdida de vidas de la que una vez fuera llamada “La bella ciudad de las Avenidas”