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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
Hablar mal de la que fuera combativa revista PROCESO dirigida por el no menos valiente Julio Scherer García, hacerle señalamientos y condenas es casi como salir amarrado y desnudo a la calle a recibir la furia violenta de los que se nutren en sus lecturas desde hace ya varias décadas, algo así como meter las manos en un saco de
alacranes y víboras venenosas pensando que nada pasará, ahora que los porros han cambiado de bando.
Tengo conciencia plena del alto riesgo que corro con mi comentario, hoy la izquierda tiene el monopolio de la violencia política.
Formé parte de esos jóvenes que se nutrieron constante, puntualmente, de la lectura que no podía faltar cada semana en los años aciagos de los gobiernos emanados del PRI, décadas en que padecimos a déspotas, caciques, represores con y sin uniforme, y a una clase política que se posesionó de nuestro país impunemente. Bebí insaciable a los articulistas que encabezaba el señor Scherer, del que leí todos sus libros y que me sirvieron para ir formando un criterio y opinión a fin de entender la problemática que envolvía la vida política de esos años difíciles. Sentí admiración -no puedo negarlo- y respeto por los que se exponían cada semana a ser motivo de atropellos y arriesgaban sus vidas.
La historia es larga y sobre todo, apasionante, pues siempre había el temor fundado de que se estuviera leyendo el último número de PROCESO, escrito por esos valientes que arriesgaban su libertad o el mismo pellejo por la falta de garantías y libertades, dada la impunidad y la represión practicada como hecho cotidiano en contra de los que se atrevían a señalar a gobiernos que se distinguieron por sus fechorías.
Todo eso en buena medida, ha quedado atrás.
La mejor información, la más creíble, la más valiente y objetiva, había que buscarla en PROCESO. La lectura de los hombres libres, de la contumaz y valiente izquierda que pugnaba por el cambio. La de los ciudadanos con principios que se consideraban afortunados de contar con una revista independiente, sin compromisos con gobiernos que tenían todo el dinero para comprar conciencias y mentir inescrupulosamente.
Fueron décadas de ignominia. Los años de la mordaza en los medios escritos, que en su mayoría aceptaban sin mucho esfuerzo, el embute para congraciarse con caciques y gobernantes sinvergüenzas, con funcionarios corruptos que integraron los grupos de poder que aún padecemos.
Eran los años de la injusticia sin medida y la impunidad más completa de quienes se aprovechaban de los recursos de la población.
No cabe duda que PROCESO impulsó la lucha política en todo el país, fue a no dudarlo, el vocero más creíble que formó conciencia en una sociedad que no acertaba a moverse porque no tenía una idea clara de lo que pasaba en México y esto, ha llevado mucho tiempo, mucho rezago social, pobreza y sufrimiento aunque ya vemos hoy que el camino se ha comenzado a desbrozarse muy lentamente.
Por eso, la lucha heroica por la libertad de expresión y la denuncia contra el mal gobierno se fue iniciando trabajosamente con los vientos frescos que soplaron a partir del año 2000 cuando el partido único, el PRI fue desalojado de Palacio Nacional gracias a la participación valiente y decidida de muchos mexicanos de buena fe, que han hecho posible la diferencia no importando si han pertenecido a la llamada derecha o a la izquierda.
Pero hoy, el pueblo está confundido, ya no sabe quienes son los buenos y quienes los malos: PROCESO practica un amarillismo concentrado y explota el escándalo cotidiano para asegurar su circulación no importando que se magnifiquen sucesos delictivos, verdades a medias, la exacerbación política y social que confunde a los mexicanos inmersos en la confrontación que explota ese medio escrito, al margen de la ética más elemental que merecen sus lectores. Para PROCESO, el país se mueve permanentemente en el escándalo y la nota roja.
Pero PROCESO, está desfasado, fuera de época, cuando pretende mantener vivos episodios ya superados por el tiempo, por nuevas generaciones, por acciones diferentes que nada tienen que ver que los aciagos años de los Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, con los militares prepotentes herencia de la Revolución Mexicana que han quedado atrás pero que se empeña en mantenerlos vivos a pesar de que la sociedad sabe cual es la realidad y condena el engaño que seguramente, le hace perder lectores a la revista porque los acontecimientos están divorciados de una información que se tergiversa en sus páginas.
¿No sería posible enmendar el camino e informar objetivamente sin deformaciones con la honestidad que merecen los que siempre contribuyeron moral y económicamente durante años con PROCESO? ¿ O será que para ellos, este país está condenado a vivir en una lucha estéril y sin fin?.
¿ Somos acaso un pueblo maldito, sin remedio? ¿Nos vamos a pasar la vida en conflictos ya superados mentándonos la madre y envileciendo a la patria todos los días?
Sus “moneros” que tuvieron una actuación destacada, también están viviendo en el pasado. Transitaron de lo genial a lo grotesco y afrentoso, se han quedado sin las ocurrencias de otros años.perdiendo su buen sentido del humor y análisis.
Nunca en la historia se han apagado totalmente las hogueras de la intolerancia religiosa y política. El racismo, se presenta ahora preocupante, de ahí que PROCESO con su influencia innegable en la opinión pública nacional, está en posibilidades de contribuir a encontrar el camino de esa tolerancia perdida, promoviendo la concordia entre los mexicanos antes de que no sea posible apagar el fuego de los odios y que la irreflexión nos destruya.