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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
En una ocasión dijimos en este espacio que nunca será buena una administración municipal si no lleva aparejada la transformación moral y ética de la sociedad con los cambios materiales que se programen.
Lo estamos viendo todos los días a pesar que nos aseguren lo contrario: la nota roja va en aumento, pugnas que se dirimen con las armas que saturan a los pueblos de esta región, agresiones personales, crímenes políticos que nunca son aclarados no obstante las promesas del mismo Procurador.
Autoridades, ministerios públicos, que se coluden con el hampa. Reclusorios idóneos para dejar escapar sin huella, en donde el mercadeo de drogas se hace ostensible. Autoridades sin criterio ni capacidad para administrar porque ha sido el “amiguismo” el premio para ocupar un puesto. Primero los cuates.
En cuanto a la vialidad en las calles, se está pagando un alto costo de vidas por accidentes que se pudieron haber evitado si la ley se aplicara con el rigor debido y si existiera un mínimo de vigilancia de la que carecemos porque no hay quien cuide y regule un tránsito dislocado, en aumento, cuando no hay agentes ni semáforos para atender estas necesidades. La ciudad se saturó de autos sin existir la menor planificación para atender un parque vehicular que ha crecido seguirá creciendo todos los días.
La sociedad, es decir sus habitantes, practican la corrupción como algo normal, sin importancia, porque esas malas conductas, mejoran muchas veces sus ingresos obtenidos en negocios y actividades dudosas, dado que la corrupción está a la vista. Pobres y ricos la practican todos los días, ya no lo ven mal, se ha vuelto imprescindible como el pan de cada día, sin dejar de reconocer a los hombres y mujeres que laboran honestamente todos los días.
Los centros de vicio se multiplican, antros con mujeres, prostitución sin control, a la vista de autoridades miopes. En las calles, y antros se reproducen constantemente, incluyendo a menores de edad. Venta indiscriminada de bebidas embriagantes: el malecón es el ejemplo más señalado de la ciudad y se presume por ser la cantina mas grande del mundo y tenerla aquí.
Comerciantes grandes y chicos, evadiendo impuestos: tanto el comercio formal como el llamado informal que se reproduce todos los días. Comercio descarado con lotes y áreas verdes, propiciado porque autoridades venales se venden al mejor postor a cambio de dádivas.
Autoridades que prevarican sin pudor con obras inconclusas o construídas con materiales de dudosa calidad. El caso de las calles y el alumbrado público es patético.
Medios de información que no orientan, manejados por grupos de poder que solo dan las noticias que les conviene, y se meten de lleno en la función pública. Vialidad caótica, sin vigilancia de agentes ni tampoco con semáforos en número suficiente y en buenas condiciones.
Vida lastimera de mendigos y gente mayor en las calles, a las que no se le ofrecen seguridad y abrigo.
Una sociedad así no puede avanzar y menos considerarse progresista cuando los cambios son exteriores, por encima, y el cuerpo se encuentra en descomposición.
En estas circunstancias hará falta atender la parte más valiosa de cualquiera comunidad: su moral, su idiosincrasia, su ética, comenzando con los funcionarios públicos, maestros y padres de familia.
Porque los avances no se darán solos, habrá que pugnar por ellos y para eso está el Alcalde y su incuestionable popularidad. Es su deber poner atención en mejorar lo mas sensible de la sociedad, su ética.
El relumbrón, la aparente modernidad, que se vive y que se han empeñado en demostrar que gozamos ahora con la economía global, será solo eso, relumbrón pasajero que pagarán las futuras generaciones.