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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
Hoy como en pocas ocasiones estamos viendo el derrumbe del PRD. Y no es que no hayan existido antes situaciones de verdadero conflicto, las hemos presenciado pero nunca una lucha interna tan encarnizada, entre cotos de poder, tribu contra tribu, facción contra facción. Antes ya se habían dado episodios parecidos pero los líderes históricos, la izquierda pensante, detuvieron la debacle aún cuando después fueron echados con violencia por los que hoy detentan ese poder enorme que los ha llevado a manejar al partido como un negocio propio, de hecho, a partir de las enormes sumas otorgadas por el gobierno con el nombre de prerrogativas repartidas generosamente entre los propietarios actuales.
Esta situación es inédita y ha sacudido hasta sus cimientos al otrora partido opositor de la izquierda mexicana que había aglutinado a las corrientes más importantes por su limpia trayectoria de lucha, es decir a los líderes naturales que enriquecieron las corrientes ideológicas más destacadas.
Y es que este partido se había preparado siempre para enfrentar al enemigo de afuera, a la “ultra derecha,” a “la mafia,” los adversarios más peligrosos y despiadados que han arribado a Los Pinos. Jamás se imaginaron que el verdadero problema se presentaría algún día al interior de su coto amurallado, blindado por los cuatro costados por esa pureza ideológica que dicen poseer y que no es otra cosa que el fascismo más decantado de la Italia de Mussolini. Ya antes había sido secuestrado el Congreso por “El Chacal” Victoriano Huerta quien asesinó brutalmente al senador chiapaneco Belisario Domínguez por haber denunciado con valentía la asonada infame contra Don. Francisco I. Madero.
Pero López Obrador resultó ese enemigo emboscado dispuesto a destruir los anhelos más caros de la izquierda democrática, heredera de la Revolución Mexicana, que acarició el proyecto de mejorar las condiciones de vida de las mayorías.
El PRD hoy, ha sido vulnerado y se encuentra herido de muerte como no había sucedido antes, en toda su historia. La lucha interna, se manifiesta violenta y ha significado una estocada profunda inflingida entre “compañeros” que no están dispuestos perder esas cuantiosas prerrogativas en los comicios que se traducirían en poder político y económico.
Está en juego la supervivencia de toda la organización, la credibilidad del supuesto triunfo que aseguran haber obtenido en las elecciones presidenciales. Su ya deteriorado prestigio se lo juegan en los comicios recientes que no logran destrabar por que nadie quiere ceder y porque para realizar las elecciones más tramposas de su historia tomaron las prácticas del catálogo de artimañas del PRI que tanto decían denostar, superando las trapacerías de sus padres políticos, con urnas embarazadas, carruseles, acarreo sin fin, amenazas, compra de votos, ratón loco, boletas quemadas, golpes, echando mano de todo ese repertorio en una elección que después de tres semanas los tiene inmersos en el descrédito y burla de la opinión pública. Pero ya no fue posible ocultar la mano tenebrosa de López Obrador como orquestador y artífice mayor, ya no ha sido posible tapar las fechorías que practica desde que llega al PRD, su habilidad para manipular ha quedado al descubierto. Ya sus incondicionales más cercanos, han abierto la boca y soltado una verdad que muchos conocíamos: el ansia de poder absoluto, enfermizo, que practica Andrés Manuel.
Hoy se desgarran las vestiduras asegurando que el petróleo se privatizará, se convierten en caudillos dispuestos al sacrificio para que no se vende una tornillo de la primera industria del país, todo para distraer la atención de lo que sucede al interior del PRD, saben del alto costo político que tendrán que pagar y ya están buscando culpables, porque perderán las elecciones futuras.
La toma del Congreso es un acto vergonzoso y ruin, es un delito que condenamos los mexicanos y que los fascistas han usado desde los tiempos más oscuros de Mussolini.
Por eso, la etiqueta de fascistas no se la podrán quitar jamás.