
![]() |
Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
Para los mexicanos que desean conocer de cerca a su país, San Juan Chamula, ofrece una oportunidad que no deben dejar pasar. Para los extranjeros, es la posibilidad de una travesía extraordinaria llena de sorpresas: un auténtico viaje al pasado, de sorpresas constantes.
Es San Juan Chamula, un pequeño pueblo habitado por indígenas xotziles en el Estado de Chiapas que pese a la gran cantidad de visitas que recibe de todos los puntos cardinales de México y del extranjero, principalmente de Europa, conserva costumbres ancestrales, mitos, y religiones diversas con una fuerte presencia de sincretismos que descubren las inevitables diferencias entre la idolatría heredada de los mismos conquistadores españoles quienes jamás lograron convencer totalmente a las razas consideradas inferiores, porque sus mitos, la idolatría, ha permanecido presente en el pueblo de México
El municipio de Sn. Juan, enclavado entre cerros, valles, cañadas y ríos, tiene unos setenta mil habitantes diseminados en ese terreno agreste que sus habitantes han ido transformando con paciencia para mejorar las condiciones de vida de la comunidad dedicada a la agricultura, los tejidos artesanales y la adoración a sus deidades presentes y pasadas dado que se trata de un pueblo profundamente religioso que aún conserva sus costumbres ancestrales, entre otras, la marginación de la mujer que no tiene presencia política, y que trabaja para sostener el hogar cuidando a los hijos y quienes utilizan gruesa ropa de lana de borregos que crían en pastizales porque el clima es templado y frío en determinadas épocas del año considerando que se encuentra a dos mil doscientos metros sobre el nivel del mar, la misma altura de la ciudad de México.
En San Juan el sincretismo está presente: la mezcla de la religión católica que trajeron los conquistadores españoles y la idolatría autóctona conservada que a través de los siglos, han podido superar enormes diferencias y sus prácticas religiosas no representan ningún problema que no hayan podido salvar juntos, con algunas condiciones. Nombres de deidades, historias, costumbres y formas de vida diaria están presente en interminables sucesos que nos regresan a los primeros años de la colonia.
Una prueba de ello es la iglesia católica de San Juan Bautista cuyo sacerdote fue separado de su actividad y transferido a otro lugar por la diferencias sin solución con los feligreses que no cambian sus primitivas enseñanzas religiosas por el catecismo católico tradicional. Y así vemos que al templo de San. Juan Bautista llegan al atrio, los llamados “chamanes” o brujos a sanar utilizando las prácticas más primitivas como es el retorcerle el pescuezo a una gallina negra, cambuja, pronunciando al mismo tiempo palabras “mágicas” que ayuden a tal propósito.
Está el recinto alumbrado por miles de velas de sebo que saturan con su olor el lugar y que con el tiempo han cubierto a las paredes, los cuadros y las imágenes de un color negro, de hollín, que le dan un aspecto fantasmagórico.
En el mismo lugar el piso está tapizado de restos de pino, ramas que lo han ido cubriendo totalmente. No hay bancas ni sillas para descansar, porque los visitantes se sientan en el suelo durante horas y horas, rezando en su idioma nativo inmersos en un ambiente de respetuosa veneración. El murmullo de las plegarias y la contrición evidente le dan al salón un ambiente de solemnidad digno de visitar.
La presencia de los chamanes es cotidiana, porque son solicitados por los feligreses que reclaman sus curaciones y para ello, les piden a los concurrentes llevar una botella de Coca Cola de dos litros que ingieren constantemente provocándoles grandes y sonoros eructos que les hacen expulsar el gas acumulado, dando la sensación de alivio, por eso se asegura que esa bebida tiene propiedades medicinales y su consumo lo sugieren los “brujos” durante esas limpias que realizan con gallinas negras sacrificadas a la vista de todos, dichas aves se mueren al ser estranguladas o también, cuando se desangran con una pequeño corte en el cuello, práctica que no es común.
Está estrictamente prohibido tomar fotografías en la iglesia y para evitarlo hay vigilantes que advierten del enojo que puede causar la falta que se sanciona con el desalojo del lugar.
Pero no todo pertenece al pasado, fuimos testigos de cómo el mercadeo de la misma economía globalizada, ha penetrado en los más profundo de sus costumbres y prácticas comerciales, es el hecho que estas personas llegan a los Bancos a realizar operaciones mercantiles con sus tarjetas para obtener dinero en los cajeros o para realizar otro tipo de transacciones diarias. Si un turista quiere tomarle una foto a una indígena, tendrá que pagarle y si la toma sin su permiso, la mujer increpa al fotógrafo hasta que le pague $ 20.00 por esa foto.
Y como los adminículos de moda invaden ya a los pueblos más distantes, y se encuentran en todos lados, observamos a un chamán o brujo en plena faena en el templo de San. Juan Bautista dando unos “pases” a un jovencito vestido con una camisa negra lustrosa, pantalones de mezclilla y un impresionante cinturón adornado con su deslumbrante hebilla metálica, es decir a la moda quien llevaba en sus manos un teléfono celular que le pidió el curandero dejar momentáneamente. Lo tomó su hermanita de escasos seis años y de inmediato lo utilizó con destreza para jugar con las teclas.
La población chamula conoce mucho de herbolaria, cura con plantas vegetales gracias al conocimiento heredado de sus antepasados. Tiene una alimentación vegetariana principalmente por lo inaccesible del costo de la carne, pero el lado negativo es el alcoholismo que hace estragos en la población cuando comienza beber desde muy temprana edad. La bebida se llama posh y se consume en los templos como medicina, para las curaciones, ahí se les piden dos litros obligadamente.. Ha sido motivo de muchos hechos de sangre prohijados por caciques y malas autoridades que permiten la ingestión sin medida. Ha habido reyertas propiciadas por esos caciques con grupos alcoholizados que persiguen a las nuevas sectas religiosas mismas que han estado llegando a la región, incluso a grupos musulmanes que antes no existían.
Y si hablamos de Chiapas, tendremos que mencionar al enmascarado Marcos que nadie sabe de él y lo peor, que nadie quiere saber de él. Su movimiento social se perdió envuelto en esa llamarada fugaz de vanidad y protagonismo que generalmente acompañan y pierden a todos los hombres enfermos de poder.