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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
Salir a manifestarse hoy con la amenaza creciente de hampones de toda laya, es de pensarse y se necesita valor para ello. Hay que tener determinación y el coraje que nos ha causado el repudio a esos maleantes sin ley ni sentimientos, para decir a los que envenenan a la población con estupefacientes que los despreciamos.
O que otra cosa hacemos? ¿escondernos debajo de la cama y esperar a que llegue ese momento terrible en el que el hampa imponga su ley y nada podamos hacer ya?. ¿Esperar a perder amigos o parientes con los brazos cruzados ateridos de pavor?
¿Dejar que la canalla, ese cáncer creciente siga haciendo de las suyas en todo el territorio nacional para aniquilarnos después sin meter las manos?.
¿Dejar las cosas cerrando los ojos para que se fortalezcan esos grupos de malhechores, enfermos de poder y sedientos de sangre?.
Colombia representa un caso patéticos de cómo lo que en un inicio fue un grupo guerrillero para combatir a los malos gobernantes enquistados, inamovibles convertidos en dictadores, verdaderos tiranos, la guerrilla más antigua de América, los combatió con sus ideales, y cómo finalmente se transformó en un grupo de desalmados traficantes de armas y según se asegura ahora, de droga, que secuestran y comercian con la vida de esas personas. México no llega aún a esos niveles de violencia pero nadie nos asegura que no terminemos igual.
Luchar contra un enemigo invisible que se desplaza como quiere y cuando quiere, llevando siempre la iniciativa, es un problema de estrategia para cualquier Estado, muy complicado, como ha resultado para los ejércitos formales del mundo.
Estos grupos cuentan con grandes recursos que los hacen invulnerables porque como está sucediendo, reparten dinero a manos llenas. El soborno es una práctica cotidiana para ellos y por esos han penetrado a los gobiernos, a la policía y al mismo ejército como nos enteramos hace unos años que compraron a oficiales de alto grado. Nada entonces es imposible para ellos, dado que les sobran los recursos para adquirir armas, y hasta comprar conciencias, en países donde la moral no ha sido un distintivo de la sociedad.
Hay muchas críticas sin fundamento en contra de la lucha en contra del crimen organizado que emprendió el Presidente Calderón pero esta lucha nadie la había iniciado así, es decir con la determinación y valor que hoy se manifiestan y es el ejercito mexicano la única fuerza con posibilidades de vencer al monstruo del narco, pues no hay otra con su organización y recursos militares que pueda hacerles frente, por ello los soldados deben seguir en las calles protegiendo a la sociedad hasta la victoria final.
Es imperativo también, que la sociedad civil participe más, que entienda que estamos en guerra contra una enemigo de mil cabezas La sociedad civil debe entender que sin su participación será muy difícil ganar esta batalla complicada y cruel, se trata de una guerra sucia y que tendrá que participar más en este combate, en esta lucha que será larga y sangrienta si no se enfrenta el pueblo, la sociedad civil. La marcha del día 31 de agosto fue una demostración de valor y una toma de conciencia absoluta, el mérito nadie lo puede discutir.
Cada mexicano debe constituirse en un soldado con las armas que tenga a la mano para luchar contra este nuevo y creciente flagelo que hay que detener hombro con hombro con las fuerzas de seguridad con las que contamos, no podemos ver esta desgracia desde lejos sin comprometernos, el tiempo se encargará de forjar nuestro carácter, hacerlo fuerte y decidido.
Los que han criticado a los que marcharon, son gente inconsciente, ni sentimientos. Esos grupos pusilánimes solo estorban y se han convertido en una piedra en el zapato, un tropiezo para esta lucha que será larga y sangrienta pero que al final la ganará México.
Pero hoy, esta situación, toma un nuevo y peligroso sesgo, se recurre al terror lanzando bombas contra la población inerme que llegó a ver el “grito” en Morelia, se han comenzado a utilizar los métodos más condenables para provocar el miedo y la psicosis en la sociedad como una forma de presionar al Estado mexicano para que se siente a dialogar con asesinos, para que ceda y negocie porque de otra manera, los estragos del temor serán muy severos y el gobierno tendrá que aceptar condiciones de un grupo de rufianes sin sentimientos, ni ética.
Inconcebiblemente hay quienes están buscando que la sociedad presione al presidente para aceptar las condiciones que impongan los delincuentes y no faltarán grupos y sociedades, generalmente, los más poderosos económicamente que apoyen el dialogo, que presionen para salvar sus intereses, cosa inadmisible en un pueblo digno y valiente que prefiere seguir luchando hasta la victoria, sabiendo que esta pesadilla será cruenta y larga pero que finalmente, la ganará la sociedad mexicana.