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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
En las últimas décadas del siglo pasado, cuando la Unión Soviética ocupaba el honroso sitio de potencia mundial, solo abajo de los EE.UU.; en aquellos años de febrilidad política interminable para los socialistas, de guerra fría, cuando la izquierda pregonaba el fin del “decadente imperialismo yanqui” porque no tenía asidero ideológico ni menos principios que le dieran sustento, sobrevino el derrumbe estrepitoso del socialismo con la caída sin aviso casi, del muro de Berlín que arrastró a la Unión Soviética y sus aliados.
El derrumbe fue traumático y tomó por sorpresa a los millones de seguidores de la antigua URSS que aseguraban lo contrario; la desaparición de todo el sistema capitalistas incluyendo también a sus incondicionales que no podían soportar más a una sociedad decrepita, frívola y expansionista que ya había durado mucho tiempo manipulada por el imperialismo norteamericano; los Estados Unidos de Norteamérica.
Pero hoy, los comunistas no terminan de entender lo que pasó en esos aciagos años, no comprenden bien a bien, lo que sucedió porque esperaban todo lo contrario.
Las noticias que recibían los seguidores de la URSS. , eran estimulantes: pronto los decadentes yanquis, dejarían su lugar en el concierto mundial, a los luchadores por las causas nobles, a los que defendían a los obreros y que con sus amplios conocimientos del materialismo histórico, es decir la verdadera historia de los pueblos, contaban con la capacidad suficiente de comprender el cambio al que se oponían los norteamericanos y sus aliados, el capitalismo sin futuro.
Pero no fue así, Estados Unidos se posesionó fuertemente de su lugar privilegiado ganado después de la segunda guerra mundial, encabezando a todos los países con economías liberales y de mercado, aprovechando las deficiencias, el burocratismo y falta de recursos e imaginación de un Estado proletario que sucumbió y que aún no se repone de la sorpresa que provocó esta catástrofe.
Los socialistas del mundo entero, no han salido de su asombro, no asimilaron este golpe demoledor y han tenido que seguir esperando que alguien les aclare bien toda la tragedia porque a la fecha, a pesar de los intelectuales y políticos del campo socialista que destacan por sus conocimientos profundos, pocos pueden dar una explicación convincente de la razón de los hechos que han provocado mucho daño a la sociedad rusa ahora que la corrupción y el crimen organizado en todas sus manifestaciones, se han enseñoreado en el otrora extraordinario país comunista.
Pero los países más afectados han sido los pobres, los que estuvieron recibiendo ayuda política y en dinero, tecnología, combustibles y víveres, y que quedaron a la deriva, y lo peor, frustrados al dejar el camino abierto a los que siempre los explotaron.
Aquí en México, las organizaciones socialistas y los centro de cultura marxistas, languidecen por falta de impulso y lo peor, la izquierda tradicional, ha caído en un marasmo y falta de claridad para entender este cambio y hoy da pasos para atrás, invadidas por el infantilismo o la radicalización por la falta de claridad en sus proyectos.
Una izquierda sin visión, autoritaria e inmadura que retrasa el avance de sus trabajos.
Una izquierda que impulsa el caudillismo ramplón, que deja el estudio para después y que no tiene claridad para atender las inquietudes políticas del pueblo de México.
A falta de proyectos que ellos hacen inviables, utilizan al populismo y la demagogia, porque sus hombres más lúcidos parecen que están ya cansados para seguir bregando.
Una izquierda sin partido y partidos que han dejado el estudio de los problemas reales y han optado por resolver aspectos personales económicos ahora que las prerrogativas de ley son abundantes y no hay que dar cuentas a nadie.
Una izquierda partidista que no defiende el bien común sino las dietas y prebendas, que presiona al Estado mexicano para aumentar sus gastos y comisiones.. Dejaron de existir los llamados partidos de izquierda perdidos en un populismo que se explica más fácilmente a un colectivo sin compromiso ni futuro.
En fin, una izquierda que se entretiene y lucra combatiendo a la derecha “clerical, ultra montada en El yunque” que le deja muchos dividendos todos los días.
El Partido de la Revolución Democrática que se ostenta como de izquierda, heredero de las luchas más sensibles, heredera también del esfuerzo llevado a cabo durante décadas por partidos socialistas y comunistas, ha caído en politiquerías y falta de seriedad para analizar los graves problemas del país, dejando la puerta abierta al que
ha dado en llamar la ultra derecha, forjada en El Yunque, “odioso instrumento” de los grupos confesionales más oscurantistas de México que por segunda ocasión le han arrebatado la silla presidencial por su falta de visión y entrega durante los últimos siete años en que ha triunfado el conservador partido del PAN.
Y todo apunta a que en los próximos seis años ese gobierno “persignado” que dejó Vicente Fox, retome las riendas ante la falta de claridad y compromiso de una izquierda perdida en discusiones y conflictos sin fin, en la lucha por poder de cúpulas que han perdido la brújula.