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Calidoscopio.
Ramón Ponce Montuy
voltairetolerante@hotmail.com |
Las bandas del narcotráfico tienen como objetivo único, llevar el terror al mismo seno de los hogares mexicanos y de la sociedad civil, que no tiene ninguna intención de formar parte de esta pesadilla interminable de todos los días, de colaborar mínimamente con el gobierno para ayudar a terminar el flagelo.
Pero sucede que la pesadilla no se terminará si la llamada sociedad civil no participa para combatirlo.
El narcotraficante decide el lugar, hora y día en que llevará acabo su golpe mortal, de ahí, que va por delante porque tiene la iniciativa, acción que hizo ganar desde tiempos inmemorables, cualquier batalla en las complejas artes de la guerra.
Escoge el terreno, la hora y la estrategia para enfrentar a las fuerzas del gobierno, es un símil de la guerrilla urbana: imbatible en su terreno, aún cuando se enfrente a ejércitos bien pertrechados y poderosos que si no son derrotados, si reciben fuertes y devastadores golpes que van mermando su fuerza, y peor aún, su moral con el tiempo.
Estas acciones son actos terroristas que el pueblo desconocía por completo, son golpes espectaculares con un gran contenido psicológico que impactan de lleno en la sociedad, al menos, en estos días de violencia sin precedente.
Colombia es probablemente, el país que más ha sufrido este tipo de guerra contra los enervantes, acciones de “ toma y daca “ contra grupos aún más poderosos y grandes que ya operan en el campo y han copado pueblos enteros en la selva de ese país y que le sirve de escondite. Ni el ejército adiestrado durante años por elementos nacionales y norteamericanos, diestros en la contrainsurgencia, han podido detener esa lucha interminable que ya dura más de treinta años en el país suramericano.
Allá el uso de bombas y carros-bomba ha sido de todos los días. Atentados contra oficinas de gobierno, funcionarios, secuestro de empresarios, alcaldes, legisladores y personas importantes, es el pan nuestro de cada día, con sucesos sangrientos permanentes.
Ha habido campañas continuas del ejército para acabar con la violencia, presidentes contando con todo el apoyo, incluso de asesores norteamericanos, diestros en esa materia y no ha sido posible desterrar el azote que significa el consumo de narcóticos.
El uso desmesurado de la droga, como en todo comercio, da lugar a la producción sin límites para atender al mercado estadounidense que alimenta ese tráfico en aumento con todos los agravantes que sufrimos hoy en México.
El gobierno norteamericano exige que se frene el suministro pero no hace mucho para acabar con ese gasto desmesurado de la nación del norte, pues todos los países del mundo que emplean la droga, no suman el 2% de las exigencias del mercado yanqui calculado en un 5%.
Pero esta guerra de bajo nivel, no se ganará por el Estado sin la intervención de la sociedad civil que para comenzar debe intervenir para que los jóvenes, eviten el consumo de todo tipo de enervantes, vigilar a sus hijos pequeños en sus escuelas para que no sean tentados por las diferentes formas que usan los traficantes para llamar la atención en la niñez.
La participación real de la sociedad es vital para ir terminando con esta aflicción en que se convierte para los padres, la posibilidad del uso de drogas en sus hijos de toda edad.
Sin esa inclusión civil, será muy difícil ganar esta lucha que apenas comienza.
No se requiere que se trate solo de jefes de familia, es una obligación ciudadana combatir en cualquier instancia, lugar y centro de trabajo o educacional, a los llamados narcos que ganan terreno todos los días.
¿Pero como hacer para que un ciudadano común de manera voluntaria se interese por este tema al grado que comprometa su conciencia y convertirse en un guardián permanente que combata junto con todos los hombres y mujeres que detesten ese vicio que solo ha traído degradación y violencia? .
No será nada fácil considerando los riesgos que esto implica, el miedo a ser víctima de un atentado como los que vemos todos los días en nuestro país, es real.
No sabemos hasta donde llegará esta violencia desbordada que va en aumento cotidianamente, nadie se salva de ella dado que los enervantes circulan por todos lados de manera creciente y consecuentemente, el dinero que ello genera con la ambición sin medida que nadie quiere dejar cuando llega a los bolsillos.
El país peligra en estas circunstancias , es una realidad insoslayable que requiere de meditación y posterior compromiso para que no se nos vaya de las manos, algunos pensarán que pecamos de pesimismo pero más vale preocuparnos ya y frenar esta barbarie que dejársela a nuestros hijos una vez que se convierta en violencia irracional sin freno.
Será necesario estar pendiente de estos sucesos y de las directrices que vaya enviando al Estado mexicano.
Nunca festinar las derrotas de los que están combatiendo al crimen organizado sino preocuparnos y fortalecer la resistencia contra este veneno que todo lo abarca y destruye.